martes, 24 de julio de 2012

Confianza

Cada cuatro años los españoles decidimos en quién confiamos para dirigir nuestro país. Una vez elegidos, el Presidente del Gobierno confía en una serie de personas para que sean sus ministros, portavoces...

Estos, a su vez, además del personal fijo (funcionarios, laborales...) necesitan personal de confianza para que les ayuden con su tarea. No es que desconfíen del personal, es que necesitan estar rodeados de su gente de confianza.

Una vez todos colocados, entiéndanme, comienzan a gobernar, confiando en que las distintas medidas que adopten generen confianza en los mercados financieros y nos confíen su dinero.

Pero los mercados han dicho que no confían, y esa desconfianza provoca una cascada de desconfianzas.

Para empezar, los españoles, viendo cómo van las cosas, desconfían de quienes antes confiaban. El Gobierno paga la desconfianza de los mercados desconfiando de ellos y, paralelamente, piden a sus gobernados que confíen en ellos. La oposición no cuenta, nace desconfiando de quien manda y muere desconfiando, es inasequible a la desconfianza.

Pero, entre tanta desconfianza por parte de todos, algo permanece inmutable, la confianza en los cargos de confianza.

Esta es una raza especial. Llueva o haga sol, estemos al borde del apocalípsis o en la mejor época económica posible, permanecen siendo personal de confianza para el que los puso. Están en la sombra, como los superhéroes, no se les ve, pero ahí están, apoyando al que le puso, a dedo, como miembro de confianza. Y como tal, intenta insuflar confianza en la persona que lo colocó, entiéndaseme.

Otra peculiaridad de los cargos de confianza es que no conocen colores. Todos los partidos políticos necesitan de cargos de confianza. Y todos cuentan con manadas de ellos.

Son contados los casos de cargos de confianza que pierden la confianza de su patrocinador. Tiene que pasar algo muy gordo, casi un acontecimiento estelar, para que un cargo de confianza pierda la confianza.

Es enternecedor ver como los políticos confían en sus cargos de confianza, entre tanta desconfianza. Hasta las parejas más enamoradas, alguna vez, desconfían del cónyuge, los políticos no.

¿Los políticos aman a sus cargos de confianza? No, es un sentimiento más fuerte que el amor, dejarán a su mujer, dejarán a sus gobernados casi en la miseria, dejarán el coche oficial (bueno, de esto no estoy tan seguro) antes de prescindir de sus cargos de confianza.

En Valencia, por ejemplo, después de pedir cerca de tres mil millones de euros al Gobierno Central, después de despedir a mil doscientas personas de la televisión pública, después de decir que rozan la bancarrota(esto se podría considerar un acontecimiento estelar) han anunciado que van a prescindir del veinte por ciento de los cargos de confianza. O sea, después de todo lo que está pasando en esa comunidad, siguen confiando en el ochenta por ciento de los cargos de confianza.

El otro día leí que una ardilla podría recorrer España de punta a punta, saltando de cargo de confianza en cargo de confianza. Igual es exagerado. No creo que se pueda convencer a una ardilla para darse ese palizón.