jueves, 12 de julio de 2012

Culebrones

Los culebrones son un tipo de serial televisivo que engancha por, básicamente, su simpleza. Hay buenos muy buenos, malos muy malos y al final, tras doscientos mil capítulos, siempre gana el bueno.

Vivir enganchado a un culebrón, en principio, no es demasiado malo. Generaciones de madres lo han hecho y nunca faltó gazpacho en la mesa. Lo que sí es chungo es vivir en un culebrón. Y vivimos en un culebrón de los gordos.

Nosotros, que somos la chica buena del culebrón, caminamos por la vida ignorantes de que los malos, que son los mercados, las bolsas, la prima de riesgo, los políticos, la alopecia, el que corta el césped a las ocho de la mañana y Pepe el del Madrid, nos tienen un odio tan profundo que la única meta en su vida es vengarse.

¿Porqué nos odian tanto? Aquí podemos elegir, presumiblemente, le quitamos el novio a los malos y ahora quieren hacérnoslo pagar multiplicado por cien. Con "quitar al novio" quiero decir vivir por encima de nuestras posibilidades, no tener cultura de trabajo, aprobar unas oposiciones y pretender cobrar por ello, no ser catedráticos de economía a la hora de negociar una hipoteca...

Su venganza es sibilina. Tienen un plan establecido en el que, en incómodos pasos (para nosotros, claro) nos quitarán nuestra sonrisa lozana (recordad que somos la chica buena del culebrón) y nos apretarán las tuercas hasta que nos salgan canas y, pese a nuestra juventud y belleza, parezcamos cansadas y viejas.

La diferencia entre un culebrón normal y el que vivimos es que en el normal, el de la tele, la chica tiene pequeñas victorias y amigos que la ayudan. En el nuestro no tenemos muchas victorias. Bueno, ninguna, en realidad.

Un culebrón puede durar unos diez años de media, solucionándose, para bien, en los tres o cuatro últimos capítulos. Nuestro culebrón comenzó hace cuatro o cinco años. O sea que nos queda para rato y esperemos que estemos viviendo un culebrón, que siempre acaba bien. Si me he equivocado y no es un culebrón, es una película española de autor, estamos jodidos. Esas siempre acaban en tragedia.