miércoles, 7 de noviembre de 2012

2013 el año que debimos peligrosamente.

Hasta ahora, desde el comienzo de la crisis, era tradición que por estas fechas apareciera algún político para anunciar que el año en el que veríamos la luz al final del tunel sería el siguiente, ahora ya no.

Desde Bruselas, ya anuncian que el año que viene será chungo, y quedan con nosotros en 2014 para ver si la cosa va bien. Paralelamente, Rajoy dice que, si la cosa mejora, bajará los impuestos... En 2014.

2013 va a nacer de nalgas. Las usuales felicitaciones en fin de año deseando un buen año siguiente se van a transformar en "que no te pase nada" "suerte" o " virgencita que te quedes como estás"

Pero ¿Qué hacemos durante todo el 2013? Según yo lo veo sólo tenemos una salida. Prohibir 2013. Declararlo "año non grato", llegar a un pacto mundial para que podamos saltar desde 2012 a 2014, reunir a un grupo de guionistas que se inventen todos los sucesos que ocurrirían en 2013 y no hablar nunca más de este tema.

Otra opción, si esto es irrealizable, es ampliar diciembre en 365 días, así llegaríamos a 2014 sin problemas. El único "pero" de esto es que los empresarios insistirían en pagar diciembre como un mes normal y claro, pasaríamos lo que se llama "un mes de mierda"

Criogenizarnos todos durante un año no es viable. Primero porque no hay tanto hielo en el mundo, y segundo porque igual luego no despiertas, mira Walt Disney.

Si, finalmente, no hay más remedio que pasar por 2013, hagámoslo como se merece el año, despreciándolo cada vez que tengamos que pronunciarlo, estilo "hoy es 14 de abril del 2013 de las narices", a ver si se deprime y no le quedan ganas de fastidiarnos más.

Dicen que no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante. Miremos esto de manera positiva, lo que nos vamos a reír y la de anécdotas que vamos a tener para contar en la cueva a nuestros nietos antes de salir a cazar algo para la cena va a ser insuperable.