lunes, 11 de febrero de 2013

Viejas buenas costumbres.

Un lunes sin duda atípico el de hoy. De sopetón nos hemos encontrado con el despido de un político, la dimisión forzada de otro y la renuncia a su cargo del Papa de Roma.

EL DESPIDO: es de el ex marido de la Ministra Ana Mato, enredado en Gürtel y que permanecía con sueldo del partido desde su dimisión como alcalde en 2009. Tras defender su permanencia, con sueldo, en el partido, llegando a escuchar que era un funcionario de la casa, hoy ha dejado de ser funcionario. "Rectificar es de sabios" ha dicho Cospedal. Hombre, lleva desde 2009 en su casa cobrando, igual para llamarse sabios no da. Quizá alumnos aventajadillos, si acaso.

LA DIMISIÓN: Se ha dado en Rincón de de la Victoria donde un concejal del PP con frases como "la gaviota debe sobrevolar al capullo sangrante" nos dejaba a todos alucinados, y un poco asqueados al imaginar la frase, más cercana a The Walking Dead que a las palabras de un cargo público. Hoy lo han dimitido. El buen señor no se retracta de sus palabras, pero ya podrá decirlas tranquilo, en su casa, con sus amigos, al calor de una buena copa de vino y no representando a nadie. Bien hecho.

LA RENUNCIA: Del Papa ha sido lo más sorprendente. Sorprendente porque hacía, literalmente, siglos que no se daba y sobre todo sorprendente por los motivos que ha dado. No se siente capacitado para ejercer las obligaciones de su cargo. El hombre no se siente con fuerzas y, dando una lección, dimite. Así de simple y alucinante a la vez.

Hoy hemos aprendido muchas cosas, que se puede despedir a un miembro de tu partido si no es honrado, que incluso puedes obligar a dimitir a un energúmeno que tenías entre tus filas y, sobre todo, que si el líder indiscutible hasta que muera de millones y millones de personas puede dejar su responsabilidad por sentirse incapaz, de ahí hacia abajo todos pueden hacerlo.

Dimitir, despedir a corruptos aunque sean de tu partido e incluso renunciar a tu cargo, no son cosas nuevas, pero se ven tan poco que es refrescante. Queridos apoltronados, recuperen estas viejas buenas costumbres, fíjense, no pasa nada por irse. La vida sigue. Incluso para el que dimite.