viernes, 19 de octubre de 2012

Tarifas

Te levantas una mañana pensando que, dentro de lo que cabe, eres una persona normal. Como tienes tiempo libre, decides mirar tu tarifa de teléfono y si puedes ahorrar algo en la factura y ahí, comienza el infierno.

Todo empieza por no recordar tu clave de acceso a la web de tu operador, mandas un mensaje de que no te acuerdas y recibes una clave nueva. Pongamos 3345fluyuyu.

Tras teclear 3345fluyuyu, entras en la web que te pregunta qué quieres hacer. Obviamente lo primero que quiero hacer es cambiar esa clave. Ok, te dicen, necesitas poner cuatro números y seis letras. Les falta decir que pongas también algún emoticono para salvaguardar esa información que sería oro en Wikileaks. Decides quedarte con 3345fluyuyu, total, te vas a olvidar igual. Con este tema solucionado, miras qué contrato tienes.

Parece castellano, se lee como castellano, pero si lo pusieran en chino sería igual. "Su contrato es un navega y habla 36 con llamadas a mitad de precio en los días impares de los meses pares, siempre que no coincidan con festivos o laborables" No dice eso, pero como si lo dijera.

Tiras por la calle de en medio, vas directamente a los números. ¿Hay alguna oferta que mejore lo que tengo? Calculadora en mano vas mirando. "Esta de navega y vocifera 24 parece mejor, aunque la de llora y navega 16, si tuviera cuidado con las veces que lloras es muy buena, ¿Cómo que el IVA aparte?..."

...Horas después, tras haber seguido las recomendaciones de distintos amigos, tienes siete ofertas de distintas compañías. Llegados a este punto, lamentas no haber prestado más atención en clase de matemáticas, te sientes un ser inferior por no saber discernir si la oferta "ballena gruesa" es mejor que la "Escupe tu rabia 27 con tarifa plana de internet". Has perdido toda la mañana sin tener coraje para elegir una nueva tarifa que puede costar la mitad de lo que pagas, o el triple.

Frustrado, te pones a tontear en el blog y pones un nuevo post. ¿Cómo empezarlo...? bueno, comencemos por el principio.

Te levantas una mañana pensando que...